Lo hemos advertido ya en anteriores artículos de nuestro blog corporativo en este 2011, por activa y por pasiva, y también en el pasado 2010: La Solvencia, ese preciado y cada vez más escaso tesoro que preservará nuestros patrimonios a lo largo del tiempo, ha abandonado la renta fija de países y empresas desarrolladas. La gran pregunta es: Si ya no podemos confiar en la solvencia de los bonos europeos ni de las empresas de este lado del planeta con deudas tan gigantescas como las de los propios Estados a los que pertenecen, ¿entonces dónde narices ha ido a parar la Solvencia?